
Los romanos llamaban bárbaros (que no tártaros) a todos aquellos pueblos no pertenecientes a su imperio, cuando la historia nos ha demostrado que los romanos con excepciones, solían ser más bárbaros que aquellos a quienes llamaban bárbaros.
Cuando un romano tiene sed cualquier cosa le sirve para saciarla, como por ejemplo el zumo concentrado de limón, que habitualmente se tiene como aderezo para aquellas puntuales situaciones, en las que carecemos de limón natural.
Al objeto evitar o al menos intentar limitar la ingesta accidental de determinados productos, no inicialmente destinados a ser consumidos tal cual, los fabricantes tienen la buena costumbre de complicarles mucho la vida a en este caso, los romanos sedientos.
Para un romano, estos obstáculos son fácilmente subsanables con, por ejemplo una llave hábilmente empleada como sierra. Mac Gyver al lado de uno de estos romanos sería un simple aprendiz.
Gracias a David por la idea para la entrada, y a Alberto por compartir con nosotros la experiencia, que como dice Sonia, antes de que se lo coman los gusanos que lo gocen los humanos [before the worms eat it, let the humans enjoy it]
;-)
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