lunes, 12 de marzo de 2012

Kentaky bala: "el incordio de los corderos"

Estimado Antonio:

Te ruego que publiques este texto en tu blog como aportación a lo que comentabas el otro día sobre escribir opiniones de los distintos locales de salsa de Málaga.

Esto fue lo que me encontré eljueves pasado en una de mis exploraciones por Kentaky “Bala”, en Málaga:


KENTAKY “BALA”: EL INCORDIO DE LOS CORDEROS.

Después de los lamentablesacontecimientos que tuvieron lugar en Merecumbé el pasado sábado  3 de marzo de 2012, de madrugada (los propios empleados del establecimiento -y creo que el dueño- se reventaron alguna botella en la cabeza cuando el local estaba lleno de clientes, por una cuestión baladí…), he comenzado a buscar otras alternativas para poder bailar salsa enesta ciudad.

Hacía más de un año que no me acercaba por Kentaky Baila (alias “Kentaky Bala”, por aquello de los borregos,como tú bien dices), así que decidí darle una segunda oportunidad. Mala idea. Hago, a similitud de tu entrada sobre el negro de Borregumbé, una lista de porqué no volveré a Kentaky Baila, Borregaky o Kentaky Bala, como prefiráis:

1º. Me cobran entrada al llegar.Sólo 3 euros, por consumición mínima, según me indica el señor “portero”. ¿Pero y qué pasa si no me gusta tu puñetero bar y quiero irme nada más subir y ver el ambiente? Pues que tengo que joderme o no entro. Mal comienzo. Pero bueno, ya estaba allí y tenía ganas de bailar. Luego, eso sí, las copas no son caras.Pides una, y sólo pagas dos euros más. O sea, la copa a 5 euros.

2º. Era jueves y la media de edad debía rondar los 20 años. Ambiente universitario. Un montón de borreguitos hijos de la ESO en actitud chulesca, colgados de un vaso y mirando a la pista sin bailar, o bailando salsa consigo mismos a ritmo de vete a saber qué, con sus pantalones “cagados” y  sus miradas perdidas de hijos, también, de su UMA madre.

3º. A las doce y cinco (diez minutos después de mi llegada) comienza un horrendo taller gratuito de bachata, impartido por una señora inalámbrica que pega un montón de molestas voces. Quiero irme, pero claro, me han hecho pagar el peaje, así que allí me quedo. A esperar que la buena señora acabe con su taller de convulsiones. Como la cosa se alarga, decido cronometrar la duración con el reloj: 45 interminables minutos de taller. Entretanto, nadie puede bailar, porque no hay música. Sólo los gritos de la señora profesora (sin duda, titulada).

4º. Terminado el horror, empiezan a poner salsa. Los no universitarios, que poco a poco han ido llegando al local (hasta saturarlo entre todos), se lanzan a la pista como posesos y empiezan apegar pisotones, manotazos, cuerpazos y pelazos a todo el que intenta bailar a su lado, de un modo humilde, recatado y recogido (como se debe bailar cuando no hay el suficiente espacio físico para tanta gente…). Al final acabo por pedirle a mis conocidos que no me saquen hasta que la cosa aclare, porque no tengo ganas de llegar lesionada a casa.

5º. Luego está el asunto de los paparazzi. Sí. Resulta que tú estás charlando tranquilamente con un amigo encualquier rincón de Kentaky Bala, cuando viene un señor impertinente armado con una cámara de fotos, y sin previo aviso, se empeña en hacerte una foto. A lo que tú te niegas (puedes negarte: lo dice la Ley y el sentido común), porque no tienes la menor idea de para qué coño te quieren hacer una foto ni lo que tienen pensado hacer con ella. Me tengo que ensarzar en una poco amistosa discusión. Y no sólo con el fotógrafo, sino también con mis acompañantes, que -un pelín aborregados- no son capaces de entender la trascendencia del derecho constitucional a la intimidad, propia imagen y protección de datos. Una lástima que nadie denuncie los del Kentaky Bala por colgar sus fotos en internet sin su consentimiento previo por escrito: total pueden ser unos 600.000 eurillos de multa de nada. Lo mismo yo un día hasta me animo. No por nada, sino para que así alguien entienda el alcance de estas cosas, porque me siento profundamente incomprendida…

6º. Allí hacen una rueda horrible. Un señor con boina y bufanda la canta (no me preguntéis qué hace en kentaky un señor con boina y bufando cantado rueda, porque no tengo la menor idea, pero juro que estaba allí y yo lo ví: menudo calor debió pasar el pobre), y le pide a los participantes masculinos que hagan enchufla matrix (o sea, el gilipollas) y que marquen con la polla a la de al lado. Precioso, vamos.

7º. Y para coronar la noche, uno de los paparazzi con los que he discutido más duramente, me saca a bailar. Yo acepto. Craso error. Resulta que se empeña en darme vueltas triples y hacerme figuras complicadas que, lógicamente, no sabe marcar. Pero como él es el puto amo, se pasa toda la canción criticando mi forma de bailar y me explica que yo no sé. Y allí que yo me quedo traumatizada, lastimosa, cabizbunda, meditabaja…

No sé bailar.

Pues nada, gracias, Kentaky Bala,sois unos putos cracks. No volveré. ¿Volver? ¿Volver para qué? ¿Para qué volver? Si tú no me quieres. Y total, yo no sé bailar.

Que os den por culo (desde el cariño y el respeto, eso sí).

Fdo.: Lunares de la Trinidad.

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