Uno de los
trabajos más divertidos que he tenido, fue hace tiempo en un conocido
hotel de la costa de sol, como
animador turístico. Mi trabajo consistía en
bailar o al menos intentar con todas o casi todas las mujeres que estuvieran en la pista de un gigantesco jardín con piscina, donde tocaba una orquesta de música latina. En nuestra jerga se denominaba taxi dancer. Éramos cuatro compañeros (dos parejas) quienes a la vez lo intentábamos que no siempre conseguíamos, cosa que dependía sobremanera del nivel de alcohol en sangre de los turistas y de lo rica que hubieran salido la sangría y los mojitos que por cierto, eran barra libre.
Barra libre causante que muchos de los turistas fuesen cayendo a plomo sobre las tumbonas, el cesped y algunos incluso en la piscina, de la tajada o papalina que llevaban con tanto alcohol, pero de eso se encargaba otro compañero musculitos, que los montaba en una especie de tumbona con ruedas, y los subía a sus habitaciones por un montacargas especial para borrachillos. Eso cuando se sabía su habitacion. A los que no, los poníamos en una sala común a la espera de vuelta al planeta Tierra.
Para ese trabajo tuve que hacer
un curso de animación socio cultural, que la verdad estuvo bastante bien y
durante varios meses aprendí un montón de cosas sobre el
trabajo con grupos de personas que van a divertirse, a pasárselo bien, y algunos de ellos por lo visto a acabar con todo el alcohol de España, bebiéndoselo. Las
prácticas las hice a través de
Hotel Training y lo que más me gustó es que tras acabarlas, me pagaban por divertirme. Me explico: a mi me encanta bailar, y
el hotel me pagaba por bailar, además de tener prácticamente yo también barra libre de comida y refrescos sin alcohol, con lo que de siempre me ha gustado y me sigue gustando la cerveza sin alcohol.
Tanto, que estoy pensando incluso en aprender a hacerla artesanalmente, pero eso ya lo dejo para otra entrada.