domingo, 9 de noviembre de 2008

Ponme un campero para llevar


Mi amigo Boris es un punto. Coincidimos por casualidad la otra noche en una tapería, cada uno con un grupo de amistades. Nos saludamos en la barra y mientras yo pedía algo de beber él pidió un campero de pollo para llevar. La camarera, suponiendo que era un cliente de paso le sirvió antes que al resto de comensales.

Pero no. Boris campero en mano estuvo un rato charlando conmigo (llevábamos varios años sin vernos) y luego se sentó a cenar con sus amistades. Casi una hora después se marchó con su campero ya frío. Digo yo -y digo bien- si te lo vas a llevar, pídelo después de cenar o al pedir la cuenta, no lo pidas nada más llegar.

En fín, que hay gente pa tó ...

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