martes, 11 de noviembre de 2008

Mirar a tu pareja mientras bailas


Mirar a tu pareja mientras bailas. Ésto es lo importante del baile. Lo demás es secundario.

A veces miro con envidia a los máquinas que están bailando fuera de tiempo sin apenas hacer algo más allá del básico o como mucho alguna vueltecita fácil, pero no dejan de mirar a su pareja, le sonríen, se susurran cosas al oído, y se siguen mirando y sonriendo.

Cuando llega una persona a clase, lo primero que hace es mirar al suelo. Para ver por donde van los pies, dicen. Visto desde fuera es como si la mujer estuviese mirando "el paquete" del hombre y el hombre a su vez le estuviese mirando las tetas. Lo digo así de crudo. Por favor, no lo olvides, pues ésto es lo que se aprecia desde fuera.

Bailando has de mirar a tu pareja. No hay excepciones. Estás bailando conmigo, no con mis pies.

Hay personas que por timidez no se atreven a mirar a los ojos a otra persona. Los entiendo, pero es como si hablas con una persona y no la miras, o como si haces el amor con alguien sin mirarlo tampoco. Queda igual de feo. Hay un truco: mirar a un lugar indeterminado entre las cejas y la barbilla de tu pareja.

Luego están los que bailan para la galería no para su pareja, y miran al resto de la sala, no a su pareja, pero estos son unos especímenes que merecen ser tratados en otra entrada, junto a los que si hay un espejo no paran de mirarse. La fauna salsera da para mucho.

Lo siguiente en importancia es bailar dentro del tiempo musical, normalmente en el tiempo uno.

;-)

Relacionada: revista salseros

¡O me miras… o te escupo!
Historias de la Salsa
Escrito por Por Juan Pachanga
miércoles, 01 de agosto de 2007


ESTO FUE LO QUE LE DIJO MI AMIGA LAURA FARINA A UN CHICO QUE LA SACÓ A BAILAR EN UNA SALSOTECA DEL EIXAMPLE DE BARCELONA. CLARO, QUE A MI AMIGA NO SE LE CONOCE POR SU EXTREMA DELICADEZA Y FEMINIDAD, PERO EN SU FAVOR TENGO QUE DECIR QUE NO ES MALA PERSONA Y QUE BAILA MUY BIEN. PARA SER EXACTO, ES COMO LA VERSIÓN SALSERA DE POPOTITO, PORQUE ES MÁS FEA QUE LOS HERMANOS ROSARIO PERO SE MENEA QUE DA GUSTO.

A Laura Farina le encanta bailar, no rechaza invitaciones y suele ser muy comprensiva. Si le clavan el codo en el cogote sonríe aunque le corra la lagrimita. Si la pisan, se soba el pie derecho con la pantorrilla izquierda y sigue bailando. Si le aprietan la mano mueve los deditos para que circule la sangre, y si a su compañero le abandona el desodorante o el enjuague bucal, aprovecha los giritos para tomar bocanadas de aire fresco.

Sólo hay una cosa que mi amiga mulatona no soporta: que no la miren al bailar. Cuando un hombre comienza a lanzarla de un lado a otro, mirando a todo el mundo, menos a ella, a Laura Farina le cambia la cara. Entorna los ojos, frunce el ceño, se le inflan los mofletes y se pone de morros. Esto fue lo primero que probó con el protagonista de esta historia, creyendo, ingenuamente, que él se daría cuenta de que algo andaba mal.

Cuando esta táctica no le funciona, porque el chico no la mira ni de reojo, Laura Farina empieza a perseguirle la cara con la suya. Esta persecución facial no tiene otro objeto que recordarle a él que ella existe, y que eso que se agita al final de su mano es una mujer. Pero por el contrario, el chico sigue bailando con su sonrisa de oreja a oreja y continúa girándola como a una peonza.

Como último recurso, Laura Farina probó a lanzar ráfagas de aire comprimido a su compañero en toda la oreja, pero de nada sirvió. Sólo consiguió marearse, porque el sujeto estaba entretenido viendo quién lo miraba. Fue entonces cuando mi amiga se hartó y lanzó la desafortunada frase que dio pie a este artículo y por la cual el chico, que estaba de lo más inspirado, se paró en seco sin entender a qué se debía tanta agresividad.

Mientras me contaba lo sucedido yo aconsejaba a Laurita diciéndole que tenía razón, pero que cuidara las maneras. Y que eso de andar amenazando a la gente a fuerza de escupitajos no era propio de una dama. Pero ella, que es un melodrama con patas, me decía casi llorando que no podía disfrutar del baile si un chico la zarandea más que el friki Leonardo Dantés a su pañuelo, y que si no la miraba se sentía un objeto, una mujer maltratada. Incluso me llegó a decir que deberían dictar orden de alejamiento a bailarines como esos, para proteger la integridad de las mujeres salseras.

El enfado le duró a Laura Farina lo que tardo el disjockey en pinchar “Abre que voy” de Miguel Enriquez. Me dejó con la palabra en la boca y se lanzó a la pista arrastrando a un nuevo compañero de baile. Creo que estas vez tuvo suerte, porque les vi intercambiar ‘pasillos’, sonrisas y miradas.
Cuando hablan las miradas

No suelo ser tan intransigente como Laura Farina, pero tengo que salir en defensa de los que no miran. Sobre todo cuando es por timidez. Hay personas que les intimida mirar a los ojos, y no por eso son prepotentes o altivas, sino todo lo contrario. Pero cabe reflexionar que bailar sin que te miren es como intentar mantener una conversación con alguien que mira hacia otro lado mientras le hablas.

No obstante, tampoco nos vayamos al extremo opuesto. ¿Te imaginas bailar con una persona que te mira a los ojos constantemente durante toda la canción? Si dos personas se gustan, se desean o se aman, puede llegar a ser una experiencia formidable. Pero si no hay ningún vínculo puede convertirse en algo terrorífico. Sobre todo si te miran fijamente y sin pestañear.

La sabiduría popular nos recuerda que “los extremos son malos”. O como dicen en mi pueblo: “Ni tan calvo ni con dos pelucas”. Lo importante es que la pareja no sienta que la utilizas como un títere. Si no hay comunicación visual todo es muy frío y la salsa puede llegar a ser cualquier cosa, menos fría.

Por otro lado están las mujeres que piensan que si al bailar miran a los ojos a un chico éste pueda pensar que ella está colada por él. Lo más triste es que haya hombres que lo crean así. Un truquito efectivo es mirar hacia un punto de la cara de la persona con la que bailas, no tiene por qué ser directamente a los ojos. Rubén Blades cantaba “Hay ojos de miles miradas”, y si sabemos usar la adecuada para cada ocasión no daremos cabida a confusiones.

También merecen ser disculpados los que se miran los pies. Es un gesto típico de los principiantes de escuelas de baile. Lo bueno es que esta mala práctica se corrige enseguida, cuando el alumno gana seguridad. Pero lo mejor sería evitarla, como dice Silvio Rodríguez “ojo que no mira más allá no ayuda el pie”.

Sin perdón

No se trata de un western de Clint Eastwood, sino de lo que pienso de los bailarines o bailarinas que no miran a su pareja por altivez o afán de protagonismo. No tienen perdón. Los hay quienes miran a su alrededor para buscar miradas aprobación, devoción y admiración. Lo entendería si estuviesen encima de un escenario, porque se deben al público, pero no es la actitud apropiada para sesión de baile normal y corriente.

Mucho peores son los narcisistas. Esos que se suelen ir a salsotecas con espejos a mirarse toda la noche. Disfrutan de cómo se mueven, se peinan y ladean la cabeza admirándose sin cesar. Casi puedo escuchar a Laura Farina gritarles ¡egocéntricos! ¡ególatras! Miento. A ella le gustaría gritarles: ¡co*~ #&! ¡h~%&de la~gr@n$! y sutilezas por el estilo. Pero debo admitir que tras nuestra conversación Laurita se contiene un poco más, sólo les mira con la cara que ella bien sabe poner en estos casos. Entonces es cuando yo le canto al oído.

“Si tus miradas mataran, ahora estaría en el cielo. ¡Ay, qué miedo!”.
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Créditos:
· Para mi profesor de salsa Erick Feres "Erick el brasileño", que me enseñó a mirar a mi pareja en vez de al suelo y yo no le hice ni puñetero caso. Gracias, Erick. Ahora me doy cuenta de la razón que llevabas.
· Para mi compañera de baile y amiga Lola Bunny, que me miraba al bailar mientras yo miraba al suelo. No le dije nada, no me dijo nada, pero hizo que desde entonces yo al bailar mirara a mi pareja y no a ningún otro sitio. Gracias, Lola.
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1 comentario:

Lola Bunny dijo...

Me alegro que al fín lo hayas entendido y que así lo transmitas. Ay, cuando hablan las miradas..

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