Pobrecillo. Le llaman así porque se dedica profesionalmente al mundo del espectáculo nocturno, ligero de ropa, moviéndose más o menos al ritmo de la música, dentro de una jaula suspendida del techo de una discoteca. Es un poco fantasma y cuenta batallitas, que si la novia lo dejó por su mejor amigo, que si su mejor amigo no le pidió permiso antes de quitarle la novia...
Algún día, madurará y probablemente se busque otro trabajo.
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En Málaga, llamamos gurripato a las crías del gorrión.
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