domingo, 21 de febrero de 2010

El Dalton

Alguien le puso ese mote, por su enorme parecido con el segundo de los hermanos Dalton y por llevar pistola. La pistola era un teléfono móvil de los primeros en salir al mercado, un enorme armatoste tipo concha que llevaba colgado de la cadera. Además se hizo unas tarjetillas con su número de móvil, que iba repartiendo entre las salseras. Un fantasma, vamos.

Alguien pidió la tarjeta a una de sus candidatas a víctima, y cada cierto tiempo iba a un teléfono público a darle un par de toques, los suficientes para que Dalton (a las dos de la mañana) dijera: Perdón, que me llaman, mientras en plan Rambo cuando Rambo era Rambo, desenfundara el móvil, lo abriera y a voz en grito intentara entablar una conversación con alguien que ya había colgado, para luego alegar -otra vez- que se había cortado la llamada.

Ese alguien se lo hizo cientos (sino miles) de veces. Por joder. El pobre Dalton hasta se tiraba del bigotito cada vez que sucedía, en plan Vicky el Vikingo, pero con bigote. Los demás, muertos de risa, porque ya sabían de lo que iba la historia.

Hasta que una noche ese alguien llegó  a un trato con Dalton. Se identificó como el realizador de llamadas infructuosas, al objeto intentar reducir su dosis de fantasmería, y acordaron por un lado el cese en las llamadas, y por otro la ocultación del móvil a la vista del respetable.

Por cierto que si le llamabas Dalton, se cabreaba.

:-(

1 comentario:

Daniel Garcia dijo...

jejejeje MI NO ME LO BORRAS NO?? ...UN SALUDO

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