miércoles, 3 de diciembre de 2008

El preservativo fluorescente

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Hace algunos años compré una caja de preservativos fluorescentes. Son de estas cosas que te llaman la atención y decides darte el capricho. Nunca sabes cuando los vas a necesitar ni con quién, pero es como las tiritas en el botiquín: mejor tenerlos.

Y sucedió. Llevas a una chica a tu casa, todo va bien, estamos desnudos jugando en la cama y me acordé de los preservativos fluorescentes, que por cierto venían con una hoja de instrucciones que como de costumbre no leí. Saco el preservativo y veo que de fluorescente nada, así que salí de la habitación a leer las instrucciones.

ELLA - ¿donde vas ahora?
YO - un momentito que vuelvo enseguida

Las instrucciones manda webos, decían que para ser efectivo durante al menos una hora antes debía estar expuesto el preservativo a una luz intensa que no irradiase calor. ¡y me entero ahora!. En la habitación contigua, despliego una escalera y lo coloco sobre la misma con fixo para que por si acaso no se moviese. Mientras,

ELLA - ¿te queda mucho?
YO - ¡ya voy!

Pues nada, una hora de jueguecitos previos, que no están nada mal, salvo que a la chica no le gustó que me dejara encendida la luz de la otra habitación.

ELLA - te has dejado la luz encendida y aquí hay mucha claridad. Me da un poco de vergüenza. Apágala, por favor.
YO - ¡ahora mismo!

Obviamente, no podía apagar la luz dado que aún le faltaba mucho al lubricante del preservativo para ser fluorescente, así que sin hacer ruido cerré la puerta de la habitación, y además la de la habitación en la que estábamos, pero ella notó que por la rendija se veía claridad.

ELLA - no has apagado la luz y que sepas que no me gustan las personas mentirosas.
YO - (tierra trágame) que no funciona bien el interruptor, además apenas gasta pues es una bombilla de las nuevas de ahorro de energía.

Coló. Continuamos jugando a oscuras y sin saber la hora. Varias veces la miré en la pantalla del móvil con su consecuente reprimenda para que me olvidara del móvil y estuviera por la labor. Transcurrida la hora más o menos fui por el preservativo.

ELLA - ¿y ahora donde vas?
YO - a apagar la luz
ELLA - ¿pero no decías que no funcionaba el interruptor?
YO - al rato ya funciona
ELLA - ¿pero no decías que es una bombilla de ahorro energético?
YO - ¿vuelvo enseguida! (verás que lo echo todo a perder ahora)

Al colocarme el preservativo descubro que lo fluorescente no es el preservativo, sino el lubricante. Mis dedos se habían convertido por arte de magia en radiactivos y todo lo que toqué, como el mismísimo Rey Midas, se iba volviendo fluorescente.

ELLA - ¿porqué tardas tanto?
YO - ¡ya voy!

No había tiempo para ahora lavarme otra vez las manos, así que decidí entrar en la habitación a oscuras con las manos en la espalda. Un grito aterrador sacudió toda la provincia y algunos pueblos adyacentes.

ELLA - ¿eso que es?. ¡Enciende la luz ahora mismo!
YO - ¿pero no querías oscuridad?
ELLA - ¡que enciendas la luz te digo!

Se calmó un poco al encender y apagar un par de veces la luz, enseñarle la caja de preservativos y explicarle las instrucciones y los motivos por los que tuve que salir a la habitación donde estaba la luz encendida. Tras discutir un poco, continuamos lo que estábamos haciendo antes de tanta interrupción.



Cuando hacemos el amor creemos que sudamos pero no, es flujo vaginal y en este caso con un alto componente fluorescente que hizo que nuestros cuerpos y la cama adquirieran una tonalidad verde-amarillo fosforito. Me olvidé de mis dedos radiactivos que acariciaron todo su cuerpo y con especial intensidad ciertas partes del mismo, dejando mis huellas dactilares fluorescentes por todo su cuerpo. Parecíamos alienígenas de película.

Después de,

ELLA - ésto se quitará ¿no?, porque yo no puedo ir así a mi casa. Como me vea mi madre ...
YO - supongo que sí. Ahora nos damos una ducha y ya verás como sale ...

Y una mierda "pa mí". Aquello no salía ni a la de tres. Ni con estropajo de cocina sobre la piel. Varios eternos días despúes comenzaron a desparecer los restos de fluorescente. Han pasado varios años desde aquella anécdota. Esa chica y yo seguimos siendo amigos y nos reímos un montón cuando la recordamos.

:-)

6 comentarios:

Cristina dijo...

Antonio como ya te dije, este escrito es genial, por cómo lo relatas, por ser un hecho verídico y por ser tuyo. Me he reído un montón mientras lo leía.

Mis felicitaciones.

BESOS.

Jenny dijo...

Vaya cuanto me he tenido que reír yo también.

Genial el post, salda.

Un saludo.

Clases de salsa en Malaga dijo...

Muchas gracias Cristina y Jenny por vuestro comentario. Hoy lo recuerdo con ternura, pero en ese momento lo pasé fatal.

Por poco no lo echo todo a perder.

;-)

la guaji dijo...

Qué historia muy divertida!
Por favor, me gustaría saber donde los has comprado?

Un saludo.

Clases de salsa en Malaga dijo...

Hola guaji, los compré creo recordar en una tiendecilla de preservativos que hay o había en calle Alamos.

:-)

antoine de saint exupery dijo...

jajaja por favor publica la marca de los preservativos te lo ruego quiero hacerlo con mi novio y dejarlo fosforescente.

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