Publicar esta entrada va a provocar que algunos de mis amigos sindicalistas me llamen al móvil, para confirmar que he escrito lo que ahora mismo estás leyendo. Pues sí. Lo he escrito yo, Antonio, sindicalista desde la médula, afiliado y militante convencido desde hace años. Yo, que he sido incluso empleado de uno de los mal llamados sindicatos mayoritarios.
Hace años que el poder político compró a los sindicatos, pagándoles con cursos de formación profesional ocupacional que yo, Antonio, he impartido. He formado en informática a un montón de personas con muchas de las cuales guardo una entrañable relación de amistad.
Lo malo, es que están vendidos. Parece mentira lo de paro, que cantidad de amigos están sufriendo desempleo, sin que los sindicatos hagan nada absolutamente. Los gobiernos regalan dinero a los ladrones de la banca, mientras muchas personas pasan hambre. Los sindicatos callan: nadie muerde la mano que les alimenta.
Mientras fui sindicalista activo, luché siempre por erradicar esas desigualdades. Hoy, que ya he aprendido muy a mi pesar, que no voy a cambiar el mundo, me conformo con que me olviden. No obstante, creo que la revolución la llevaré en mis venas hasta que muera, de ahí la publicación de esta entrada, que mi amigo google llevará a los primeros puestos, como de costumbre. Gracias, google, porque el gobierno o los sindicatos, ni hablar del peluquín [nor speak about the toupée]
:-(

2 comentarios:
Maldito parné...
yo creo, como dice mi papa, que los sindicatos son un mal necesario :)
Publicar un comentario en la entrada