Me dejo el coche correctamente estacionado, y al ir a recogerlo veo de lejos a una peruana enorme, empujando mi coche, que a duras penas se aguantaba en el sitio, a pesar de la resistencia del freno de mano y de la primera velocidad metida.
La rinoceronte peruana quería acercar más mi coche al de delante, para intentar que detrás entrara un coche lleno de peruanos, tan enormes como ella.
· ¿Empujá puuuué? le grité con su mismo acento, y ambos no echamos a reir.
Ignoro a lo que se dedicaría en su tribu, pero desde luego fuerza no le falta.
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Las opiniones acerca de mi supuesta xeonofobia, ya sabes por donde me las paso. No voy a estar recordando en cada entrada que he salido con chicas sudamericanas, aunque me temo que si.
:-(
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